
El federalismo en EEUU. Los Estados frente a la Administración federal.
[Nota: Es en la segunda mitad de este artículo donde trato sobre cómo evolucionó esta cuestión durante el primer mandato de Trump, de 2017 a 2020 y los abusos de autoridad que había cometido anteriormente la Administración del Presidente Barak Obama: de 2009 a 2016]
Estados Unidos nació –formalmente- con su declaración de independencia del 4 de julio de 1776, frente a la Corona británica, como una confederación (en sentido estricto) de 13 estados que, en dicha fecha proclamaron su independencia y soberanía, así como su unión, a partir de las preexistentes trece colonias británicas.
A estas colonias Gran Bretaña les había ido concediendo de hecho –desde comienzos del S. XVIII- un cierto nivel de autogobierno, con diversos tipos de asambleas legislativas coloniales cuyas decisiones necesitaban la ratificación por parte del poderoso Gobernador Real, nombrado desde Londres para cada una de ellas. Pero no existía una única autoridad británica para el conjunto de las 13 colonias, supongo que -precisamente- para tratar de prevenir el nacimiento de un espíritu nacional e independentista en esos nuevos y lejanos territorios.
Durante décadas, bajo Gran Bretaña, se había ido desarrollando una incipiente administración en cada una de las colonias, con muchas peculiaridades que las diferenciaban de las colonias vecinas, que defendían con ahínco. Los colonos, conjuntamente con los respectivos gobernadores reales británicos, confeccionaron a menudo elementales y breves “estatutos” relativos a las instituciones públicas de cada colonia.
Además, algunos meses antes de la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, varias de las colonias fueron elaborando sus respectivas constituciones, , propiamente dichas, “bajo la autoridad del pueblo”, ignorando ya al Rey de Inglaterra y a sus gobernadores.
Un año después, durante 1777, los 13 nuevos estados contaban ya con sus propias cartas magna que –con sucesivas enmiendas- han llegado hasta el día de hoy.
Aquellas trece constituciones estatales tenían importantes elementos comunes, pero también destacadas diferencias, que han persistido.
Sólo once años después de la declaración de independencia, en 1787, tras vencer militarmente en su Guerra de Independencia contra Gran Bretaña, pudieron elaborar los trece estados una Constitución nacional, federal, sentando los cimientos del Estado nacional: los Estados Unidos de América.
Primero, una confederación. Luego, una federación
La Constitución de los Estados Unidos, redactada en 1787, hubo de ser ratificada por cada una de las asambleas de los trece estados autoproclamados, preexistentes, a lo largo del siguiente año.
Durante aquellos 13 años entre la Declaración de Independencia de 1776 y, finalmente, la ratificación de la Constitución nacional en 1789 el conjunto de las 13 colonias estadounidenses constituyó una confederación. Con la entrada en vigor de la Constitución nacional en 1789 se fundó una federación bajo el nombre de los Estados Unidos de América, y así ha continuado siendo hasta hoy en día.

En rojo, delimitación de las 13 colonias el año anterior a la declaración, 1775.
Procedencia de este artículo
Cuanto viene a continuación, procede literalmente de uno de mis artículos, de febrero de 2017, sobre los transexuales y los baños escolares. Dado que el asunto del federalismo tiene relevancia propia y duradera, reproduzco aquí sus muchos pasajes, dejando de lado la cuestión de los baños escolares.
Tras repasar el origen del sistema estadounidense de reparto territorial e institucional del poder, veremos brevemente las tendencias actuales en torno a este importante asunto.
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Escrito en febrero de 2017.
El federalismo en EEUU: su origen
El término político ¨federalismo¨ no aparece ni una sola vez en el texto de la Constitución estadounidense pero inspira muchos de sus preceptos sobre diversas materias, hasta constituir una de las piedras angulares del sistema constitucional del país.
El federalismo hace referencia, sobre todo, a la delimitación de competencias entre los 50 estados actuales y las instituciones federales, con sede en Washington, D.C.
Cuando se alude al federalismo, también se está llamando la atención a la necesidad de un cierto equilibrio de las competencias entre ambos ámbitos: el federal y el de los estados.
La primera Administración federal. George Washington: 1789 a 1797
Con el primer presidente, George Washington, se fue creando a partir de 1789 la primera Administración federal propiamente dicha, formada por sólo cuatro departamentos ministeriales, claves: Guerra (actual Secretaría de Defensa), Estado (Relaciones Exteriores), Tesoro (equivalente a los ministerios europeos de Hacienda o Economía: impuestos, moneda nacional …) y Justicia. Competencias que cubren la mayoría de las que son propias de cualquier estado soberano del mundo moderno.
Todas las demás áreas de gobierno (incluidos los cuerpos policiales y las milicias populares –origen del derecho a poseer armas de fuego en EEUU-) permanecieron largo tiempo bajo las autoridades ejecutivas y legislativas de cada uno de los 13 estados, en muchos campos hasta hoy en día, como en la educación, en la que las competencias federales son muy reducidas y las de los estados amplísimas. Algo parecido sucede con la planificación urbana, con el derecho de familia (matrimonio, patria potestad …), con la reglamentación de la normativa para los procesos electorales y con las relaciones comerciales entre los estados de la Unión.
Es ilustrativo que hasta 1908, con la creación del FBI, la Administración federal no contó con una fuerza policial propia.
Aquellos 13 Estados venían operando desde hacía unos 100 años (finales del siglo XVII), con instituciones de gobierno propias, así como con cuerpos legislativos, bajo la soberanía británica; sus decisiones necesitaban la ratificación por parte del Gobernador Real, nombrado desde Londres para cada colonia.
Las competencias federales
La Constitución de Estados Unidos determinó una serie de atribuciones como propias de los poderes federales (esto es, del Congreso de la Unión), tales como el establecimiento de impuestos, tasas y derechos para la importación de bienes extranjeros, la regulación del comercio con naciones extranjeras, la emisión de billetes bancarios, la declaración de guerra, la creación de una armada, de fuerzas armadas terrestres y de una milicia nacional (núcleo originario de la actual Guardia Nacional), etc.
La lista de competencias federales está recogida en el artículo 1, de la Sección 8 de la Constitución, referida a los Poderes del Congreso.
La 10ª Enmienda delimitó más las competencias
Un par de años después, la 10ª Enmienda dejó claramente establecido que cualquier competencia que no figurase en aquella lista de la Constitución estaría reservada a los Estados.
Ahora bien, la propia Constitución dejó abierta una puerta a la ampliación de las atribuciones de los poderes federales, por medio de una disposición a la que se conoce como la Cláusula Comercial: la Sección 3, del artículo 1, de la Sección 8 de la Carta Magna. Esta disposición atribuye al Congreso nacional la potestad de “regular el comercio con naciones extranjeras, entre diversos Estados [de la Unión] y con las tribus indias”. Esta aparentemente pequeña ¨vía de ampliación¨ ha dado mucho, mucho juego, con el paso del tiempo.
Durante el s. XX se usó la Cláusula Comercial para ampliar enormemente el poder federal
Durante periodos del siglo XX el Congreso federal y el Presidente de la República han empleado esta llamada Cláusula Comercial para extender sus competencias no sólo referidas estrictamente al “comercio”, sino en muchos otros ámbitos –económicos y no económicos-, desplazando a las autoridades estatales: regulación de la actividad industrial, de las relaciones laborales, derechos civiles, medioambiente, etc.
En cierto modo, esta forma de entender la estructura política del país podría tildarse en Europa de jacobina o centralizadora.
El Presidente Franklin D. Roorsevelt, con ocasión de la Gran Depresión económica que arrancó en 1929, fue quien más expandió las competencias federales.
Muy a menudo, hasta la actualidad, los Estados han cuestionado aquellas decisiones federales ante los tribunales, con diferente fortuna.
Según la composición del Alto Tribunal en las diferentes épocas y la preeminencia de unas u otras doctrinas jurídicas, aquel ha oscilado a lo largo de grandes ciclos entre una visión más originalista, preocupada en interpretar las intenciones de los padres fundadores y otra más proclive a la extensión del ámbito federal, centralizando el sistema de poder.
El federalismo en EEUU hoy en día
A lo largo de los ocho años de la Presidencia de Barack Obama, éste ha impulsado cuanto ha podido la ampliación de los poderes federales, traspasando de hecho ciertas competencias de los Estados a los departamentos y agencias federales, forzando el concepto del federalismo de la República.
Las fuerzas conservadoras y muchos de los Estados y entidades locales reaccionaron acusando a Obama de abuso de poder (overreach), consiguiendo en varios casos emblemáticos la paralización en los tribunales de algunas de sus medidas o bien su anulación por sentencias adversas.
Una de las argucias administrativas usada profusamente por la Administración Obama ha consistido en la emisión de instrucciones o directrices (guidance documents) a los agentes económicos y sociales por parte de los ministerios y las agencias federales. Es lo sucedido en relación al uso de los baños escolares por los transexuales.
Estas directrices no son siempre de obligado cumplimiento, pero consiguen incidir en el comportamiento de empresas y particulares y para su elaboración no se abren periodos de consulta pública, y apenas son revisadas de manera formal por otros organismos.
De ese modo, se han puesto en práctica disposiciones que no se conseguirían hacer aprobar en el Congreso, como correspondería.
Incluso un enemigo político de Donald Trump, el republicano Jeb Bush, ha interpretado tras las elecciones presidenciales del 8 de noviembre 2016 que “los americanos, en su mayoría, están de acuerdo con que Washington no funciona, por tanto devolvamos el poder a los ciudadanos y a los Estados … pongamos coto a la utilización de la Cláusula Comercial que ha ido concediendo a la Administración federal un poder regulatorio muy superior al que pretendieron los Padres Fundadores”.
La Administración Trump en favor de reforzar el federalismo en EEUU
Ya se vio que la nueva Administración, en el caso del uso de los baños escolares por los transexuales, se ha inclinado por permitir que sean los Estados y las autoridades locales (los distritos escolares) quienes busquen la solución más acorde con las creencias y opiniones de sus comunidades.
(En agosto de 2018 escribí un artículo exponiendo cómo Donald Trump está recortando el poder federal, en favor de los estados, las comunidades locales y de los ciudadanos. Esto es exactamente lo contrario de lo que se espera de un gobernante populista clásico)
En varias otras materias esta Administración ya ha dado a entender que propugna una semejante ampliación del papel de las autoridades estatales. Esto va a producirse en lo relativo a la protección del medio ambiente, donde la agencia federal EPA ha ido arrinconando a los Estados.
Por aquel motivo Trump va a firmar en los próximos días una orden ejecutiva devolviendo a los Estados la gestión y conservación del agua de las cuencas de una infinidad de pequeños ríos y humedales que Obama les retiró en 2015 con la llamada norma del agua (water rule). En total, supondrá un traspaso de gestión de más de medio millón de kilómetros cuadrados, esto es, más de la superficie de España.
En el esbozo de reforma sanitaria que ya se maneja actualmente para la derogación y sustitución del llamado Obamacare, el nuevo Secretario de Sanidad Tom Price, así como los congresistas republicanos, han expresado su intención de reducir las competencias de Washington. Paralelamente darán mayores potestades a los Estados en el diseño de los sistemas de seguros médicos, a los que ya están acogidos unos 20 millones de personas.
One size cannot fit all
Como dice el refrán americano, un solo traje no tiene por qué servir a todos (One size cannot fit all) y la nueva Administración se acogerá a este enfoque.
De ese modo, por ejemplo, la California progresista y rica podría establecer una mayor intervención y fondos públicos para el sistema sanitario, frente a Estados cuyos ciudadanos tienen una mayor inclinación conservadora que limitarían los apoyos públicos empleando en mayor medida instrumentos de mercado.
Descentralización política y administrativa en el federalismo en EEUU hoy en día
Esta descentralización política y administrativa, como se comprobará en los próximos años, responde a un profundo deseo de gran parte de la población estadounidense en la actualidad. Los ciudadanos se inclinan ahora en favor de que más asuntos se discutan y decidan en las administraciones más próximas a ellos, que son las estatales y locales. En este aspecto, la Administración Trump y los congresistas conservadores van a ganar el aprecio de muchos ciudadanos, y no solo los de derecha.
Las competencias escolares federales son muy escasas
Las competencias que corresponden a este departamento federal son muy limitadas (en comparación a Europa) y varios dirigentes republicanos demandan de vez en cuando su supresión. Los conservadores no han estado solos en esta petición, que para los europeos nos resulta insólita.
En Estados Unidos el sistema educativo de primaria y secundaria ha sido siempre competencia de cada uno de los 50 Estados, desde que declararon su independencia el 4 de julio de 1776.
Por ello no es extraño que el Departamento (federal) de Educación no se creara hasta 1979. La enseñanza superior también corresponde a las autoridades estatales, pero no se ve afectada por las directrices de Obama del año pasado.
En mayo de 1979, un editorial del muy progresista The New York Times se pronunció en contra de su creación, aunque más adelante cambió de opinión al adivinar las oportunidades que proporcionaba a su causa: desde Washington podrían imponer sus concepciones educativas y sociales sobre los 50 Estados, sin tener que presionar sobre cada parlamento estatal.
En la mayoría de los casos, los colegios e institutos del país no tienen ninguna obligación de acatar las directrices que les haga llegar el Departamento federal del ramo, pero a la Administración Obama se le ocurrió una estratagema –de dudosa legalidad- para forzarles a ello.
Abuso de autoridad por la Administración Obama
Junto a las directrices, el departamento ha venido enviando a cada colegio e instituto una carta dándoles a entender abiertamente que el no cumplimiento de sus indicaciones acarrearía la pérdida de los fondos federales que reciben la gran mayoría de dichos centros educativos, aunque no tengan relación alguna con los baños u otro asunto de su interés.
Como aquellas cartas se han encabezado con un “Estimado colega”, este término ha dado nombre al procedimiento. A lo largo de los pasados 8 años, Washington ha empleado con asiduidad el método del “Estimado colega” en muy diversos aspectos de la enseñanza – y también en otros muchos campos-, levantando la protesta de muchas de las administraciones estatales y escolares locales.
A aquella artimaña de la Administración Obama, los conservadores la denominan un ilegal propasamiento de las competencias federales: illegal federal overreach. Práctica -en el límite de la legalidad o algo más allá- de la que abusó la presidencia Obama; ya se sabe, como los progresistas tienen siempre la razón no sienten que hayan de atenerse a las leyes y procedimientos establecidos. En un artículo de diciembre de 2016 repasé varios de aquellos abusos de poder de Obama.
Otros artículos de mi blog sobre estos temas:
Origen de la división de poderes en EEUU. Distribución de competencias entre la Unión y los 50 estados. 16 de abril de 2026.

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