
La apertura del estrecho de Ormuz y la libertad de navegación son irrenunciables.
Para situar la trascendencia y gravedad de esta cuestión, puede afirmarse que desde la derrota militar de Irán, de facto (durante el primer mes y medio de la presente guerra), su única baza de presión significativa está siendo el bloqueo del estrecho de Ormuz que el régimen impuso desde el comienzo mismo de las hostilidades, a comienzos de marzo.
Conviene recordar, también, que ésta ha sido la primera ocasión en que la República Islámica se ha atrevido a cerrar el estrecho en contra de las potencias occidentales. El ataque a buques de Irak durante la sangrienta guerra entre Irak e Irán, durante los años de 1980, suponía algo diferente: nunca llegó a quedar completamente detenido el tránsito de barcos y la mayoría de los buques civiles atacados servían a Irak.
El régimen iraní siempre dio por supuesto el carácter extremo que tendría semejante cierre de Ormuz y la previsible respuesta violenta que desencadenaría, por cuanto nunca lo hizo.
Antecedentes inmediatos
El 8 de abril, tras casi mes y medio de una muy intensa guerra de EE.UU. e Israel contra la República Islámica de Irán, de modo precipitado, tras el horrible ultimátum de Trump de “eliminar la civilización persa” aquella misma noche, se acordó un confuso alto el fuego entre ambas partes, que todavía sigue vigente -en cierto modo- en estos momentos.
Desde entonces nos encontramos en la embrollada situación de ¨ni guerra ni paz¨. Las armas permanecen -bastante- calladas, por ambas partes, pero el régimen iraní ha mantenido el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, salvo para sus barcos y los de sus aliados; a pesar de que -al parecer- Irán se había comprometido a abrirlo desde que finalizaran los bombardeos de EE.UU. e Israel, lo que sucedió hace más de un mes, el 8 de abril.
En respuesta a esta violación iraní de los términos de aquel alto el fuego y de la gravedad de la medida iraní por sí misma, el Presidente Trump decidió enseguida responder por medio del bloqueo de todos los barcos, iraníes o de otras banderas, que procedieran o se dirigieran a un puerto de Irán. Esto es, aplicó a los gobernantes iraníes la misma ¨medicina¨ que ellos llevan imponiendo desde el comienza de la guerra a todos los barcos occidentales o que transporten mercancías destinadas a Occidente y a bastantes países más. Esta respuesta de Trump ha sido totalmente acertada, dadas las circunstancias.
¿Constituyó esta decisión de Trump una ¨escalada¨ en el conflicto? Si, claro. Pero una escalada provocada por el previo cierre de Ormuz por parte del régimen islámico de Irán. Una escalada, por tanto, necesaria, imprescindible.
¨Desescalar¨ el conflicto nos es la verdadera prioridad en esta situación, en contra de las lamentables declaraciones de la mayoría de los acobardados dirigentes europeos: derrotar militar y diplomáticamente al régimen teocrático iraní, sí que lo es.
El estrecho de Ormuz no es un canal, ni es nacional
Además de aquel cierre total del paso de buques por Ormuz, los tiranos del régimen anunciaron que quedaba establecido, unilateralmente, de modo permanente, un nuevo sistema para el tránsito de cualquier buque por el estrecho de Ormuz, incluso cuando finalice esta guerra: la necesidad de obtener la autorización expresa, previa, de la autoridad naval iraní y el pago obligatorio de peajes a Irán, por importes de uno o varios millones de dólares US.
Por este estrecho circula -además de muchísimas otras mercancías- alrededor de la 1/5 de todo el petróleo y el gas natural que se transportaba a diario en el mundo, en los tiempos anteriores a la actual guerra.
Como se ha dicho repetidamente estas semanas, dicho nuevo régimen iraní de navegación supondría el mayor ataque en el mundo a la libertad de circulación marítima por aguas internacionales desde la Segunda Guerra Mundial.
La dictadura teocrática iraní pretende que esto supondría lo mismo que lo que viene haciéndose desde hace más de un siglo en el canal de Suez (1869) o en el de Panamá (1914). Falsa pretensión, como ellos saben.
Aquellas dos son vías acuáticas nacionales, no aguas internacionales. Ambas orillas de estos canales pertenecen al territorio de un mismo país: Egipto y Panamá, respectivamente. Esto es decisivo. Además, el estrecho de Ormuz es una vía marítima natural, desde hace unos 15.000 años (final de la última glaciación) y su costa sur pertenece al país ahora denominado Omán y, una pequeña parte, a la UEA.
En su punto más amplio, el canal de Suez tiene 350 metros de anchura, mientras que el ancho mínimo en Ormuz es de 40 km.
Además, aquellos dos canales tuvieron que abrirse paso mediante un gigantesco movimiento de tierras y rocas y costosas construcciones (durante unos 10 años, en ambos canales), circunstancias completamente ausentes del estrecho de Ormuz.
La apertura de Ormuz y el resto de la negociación con Irán
Resulta evidente, salvo para los izquierdistas occidentales, que la capacidad militar del régimen iraní, así como la de sus fuerzas policiales (la Guardia Revolucionaria, los Basij, etc.,) con las que reprime a la mayoría de los ciudadanos iranís, han quedado ya muy seriamente debilitadas, cuando no arrasadas, como sucede con su fuerza aérea, sus defensas antiaéreas y su fuerza naval.
Sus principales fábricas de armamento, incluidas las que producen los misiles han quedado destruidas. La misma suerte han corrido muchas de sus fábricas de hierro y acero y de sus fábricas químicas, de las que procedían componentes esenciales para las municiones y combustibles para sus misiles.
Lo anterior formaba parte de los principales objetivos que perseguía EE.UU. al emprender esta guerra contra Irán. Pero el principal de ellos, sin lugar a ninguna duda, ha sido y sigue siendo, no sólo detener el programa nuclear de Irán, sino desmantelarlo, lo que le impediría conseguir bombas nucleares durante varias décadas, que es la principal pesadilla del mundo actual desde hace décadas.
Como es sabido, el régimen iraní dispone ya de misiles capaces de alcanzar Paris, Londres, Roma, Berlín y la mayoría de las demás capitales europeas. En su día, podría armarlos con bombas nucleares. Ante esta realidad estremecedora los ¨pacifistas¨ europeos imitan sin descanso a los avestruces; meten la cabeza debajo de la tierra y creen haber hecho desaparecer el peligro … pero los gobernantes iraníes siguen chillando “Muerte a Israel, “Muerte al Gran Satán (EEUU)”.
EE.UU. debe presionar hasta vencer diplomáticamente al régimen iraní
Es incuestionable que EE.UU. e Israel ya han derrotado militarmente al régimen tiránico de Irán. Ahora bien, lo que está pendiente es lo que podría llamarse “ganar la paz”, esto es, ganar diplomáticamente haciendo que -básicamente- capitulen en el acuerdo de paz al tener que aceptar la mayor parte de los otros importantes objetivos de EE.UU., que benefician también a Europa.
Por mucho que los gobernantes y los ciudadanos europeos ¨pacifistas¨ cierren sus ojos a este peligro existencial y repitan que lo principal es “recuperar la paz”, ¨desescalar¨, que la guerra contra Irán acaba cuanto antes, se equivocan totalmente. Esta gravísima amenaza no va a desaparecer por arte de magia; perdurará mientras el régimen iraní disponga de los medios para obtener bombas nucleares y seguir fabricando misiles de medio y largo alcance.
En consecuencia, EE.UU. no debe conceder ninguna garantía definitiva y permanente a finalizar su bloqueo de los puertos iraníes hasta que Irán no haya cedido en desmantelar su programa nuclear, de modo efectivo y verificable. Algo distinto es que Trump acordase un desbloqueo provisional de dichos puertos durante el periodo -por ejemplo, 30 días, improrrogables- durante el que se negocie el acuerdo de paz y no tolere sucesivos aplazamientos en las negociaciones.
EE.UU., también, debe condicionar su desbloqueo de los puertos iranís al compromiso formal iraní de mantenimiento en el estrecho de Ormuz de las normas de navegación que imperaban desde hace décadas antes de la guerra: esto es, libertad de navegación de todo tipo de buques, sin autorización de ningún tipo y con carácter gratuito.
La simultaneidad en ambos tipos de aperturas marítimas, la del estrecho y la relativa a los puertos de Irán, parece lógico, pero alargando la transición el menor tiempo posible, digamos 30 días, improrrogables.
Otras cuestiones importantes pendientes de negociar
Lógicamente, además de estos dos asuntos marítimos y de la cuestión central del programa nuclear iraní, la negociación de paz que está pendiente de llevarse a cabo comprende otras varias importantes cuestiones: EE.UU. también desea limitar el alcance de los misiles de Irán, así como finalizar con la financiación a las diferentes milicias terroristas que Irán ha creado y sostiene desde hace décadas: Hezbolá en Líbano, Hamas en la Franja de Gaza, los hutíes en Yemen, varios grupos en Irak y en Siria, etc. De todos modos, EE.UU. parece resignado en estos momentos a abandonar esta última petición, in extremis.
Por su parte, Irán reclama que se desbloqueen varios miles de millones de dólares US pertenecientes al estado iraní y a empresas de su país, en bancos occidentales o de los países árabes del Golfo Pérsico. Bloqueos que responden a sanciones económicas de EE.UU., los países de la UE y, otras, de Naciones Unidas, por su represión de la población iraní, maltrato a mujeres, incumplimiento de sus obligaciones relativas al no desarrollo de su programa nuclear y a otros varios motivos semejantes.
En caso de que el régimen iraní acepte las principales peticiones de EE.UU. (desmantelar su programa nuclear de modo verificable, reconocer la libertad de circulación por Ormuz …), resultaría admisible efectuar el desbloqueo de sus elevados saldos bancarios, de manera progresiva y comprobando el cumplimiento de sus obligaciones, que deben ser fijadas de modo preciso y con plazos claros.
En todas sus anteriores negociaciones con Occidente los gobernantes iranís siempre han ido postergando en el tiempo sus obligaciones y, en la negociación, dejando imprecisos todos sus compromisos para diluirlos e incumplirlos. Esta vez, intentarán exactamente estas mismas tretas, una y otra vez.
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