
¿Quién es el que ya no está en la foto, ni en este mundo? Aún está pendiente conseguir la victoria final sobre Irán. El Líder Supremo Alí Jameneí fue asesinado con el primer ataque de misiles de esta guerra, el 28 de febrero de 2026.
Hace más de una semana, el día 10 de mayo, el régimen de Irán rechazó de plano la última propuesta de paz (recogida en un memorando de 14 puntos) que el Presidente Trump había presentado días antes por medio de interlocutores de Pakistán, ya que parece que no hay contacto directo entre los gobiernos de EEUU y de Irán.
Dicho sea de paso, Pakistán cuenta con unos gobernantes detestables, radicalmente islamistas, de la corriente Sunní, a diferencia de Irán, que es mayoritariamente Chiita, a pesar de lo cual colaboran de continuo desde hace muchos años. Gobernantes pakistanís que, entre otras abominables medidas, apalean y asesinan a sus ciudadanos cristianos desde hace décadas.
Naturalmente, es inevitable emplear los cauces de negociación internacional que estén disponibles en cada circunstancia y momento, no los que más gustaría a una de las partes.
Los portavoces del régimen iraní se permitieron bromear hace unos días sobre lo “desesperado que estaba el presidente de EEUU”, cuando son las fuerzas armadas de Irán y sus fábricas de armamento las que están literalmente arrasadas y la economía iraní tardará años en, simplemente, recuperar el nivel de actividad anterior al comienzo de esta guerra, que ya era un nivel lamentablemente bajo y débil.
Gracietas aquellas de los dictadores iranís y de sus medios de comunicación que fueron jaleadas por los medios de comunicación occidentales de izquierda -como el radical New York Times (NYT)-, que parecen ansiar la derrota de EE.UU. … y así es.
La contraoferta del régimen iraní es “una basura”
La contraoferta para un acuerdo que presentaron en esos pasados días los gobernantes iranís era una burla y sólo tendría sentido si fuera EE.UU. la potencia que se encontrará contra las cuerdas, al borde de su total hundimiento político, económico e institucional.
Aquella contraoferta comprendía la apertura gradual y lenta del Estrecho de Ormuz, pero fijando el control indefinido del tránsito por parte de Irán, lo que nunca ha sucedido antes, al ser una vía marítima internacional, abierta. También reclamaban cobrar enseguida enormes sumas como reparación por los daños sufridos en los bombardeos y, sin embargo, la cuestión decisiva de fijar unas claras y duras obligaciones de desmantelamiento de su programa nuclear se discutiría … más adelante, quien sabe cuándo.
Acertadamente, Trump calificó aquella contraoferta del 10 de mayo como “una basura” (¨a piece of garbage¨). Y, con parecido acierto, declaró que esta respuesta dejaba el alto el fuego militar entre EEUU e Irán “en situación de cuidados intensivos”.
Como todo el mundo sabe ya en estos momentos, si el alto el fuego se derrumbara definitivamente EE.UU. e Israel reemprenderían su implacable bombardeo sobre los centros de poder político del régimen islamista, sus instalaciones militares, sus infraestructuras, oleoductos, fábricas de hierro, etc. En este caso, Irán necesitaría por lo menos una década para levantar su economía y sus infraestructuras de todo tipo.
Los editorialistas del Wall Street Journal advirtieron que “Irán piensa que Trump va de farol”. Bien es cierto que este presidente recurre con cierta frecuencia a esta y a otras artimañas, pero no en esta cuestión tan crítica, como ganar o perder la guerra con Irán en el plano diplomático, una vez que ya ha derrotado militarmente al régimen islámico.
La presente actitud de Trump de dar sucesivas oportunidades a un acuerdo de paz duradero tiene un plazo de validez corto que el régimen posiblemente va a despreciar y desperdiciar, a costa de su población
Hasta los progres occidentales más necios, entre los que se encuentran en primer lugar los estúpidos sociatas españoles y la gran mayoría de sus votantes, carecen de argumentos para negar que Trump está ofreciendo una y otra vez una salida negociada a Irán: retrasando sucesivamente la vigencia de un alto el fuego que se tambalea a ojos vista por la cerrazón de las autoridades teocráticas iranís, al creer que son ellos quienes están ganando la guerra contra el Gran Satán (esto es, EE.UU.).
Si, como es cada día más probable, Trump se ve obligado a reemprender las acciones bélicas contra Irán vamos a contemplar cómo la jauría progre pasa -sin solución de continuidad- de no admitir el esfuerzo de este presidente en favor de una solución negociada a vociferar que Trump es un belicista y que será el culpable del ulterior hundimiento de la economía iraní, exculpando -una vez más- a sus amigos islamistas que serán los únicos verdaderos responsables de los nuevos sufrimientos del pueblo iraní. En esta guerra, la “basura progre” internacional se ha hundido aún más en su odio hacia EE.UU. y Occidente en su conjunto. Además, no les importa lo más mínimo el sufrimiento de los iranís y, en particular, el de las mujeres de este país. “Shame on you!”
Los progres no son los únicos “pacifistas” y apaciguadores equivocados
Es con pena que me veo obligado a llamar la atención sobre la vergonzosa postura -de carácter pacifista y de apaciguamiento– que vienen adoptando los editorialistas de un reputado diario conservador de España: La Razón. En abril, tituló del siguiente modo uno de sus editoriales: “Una mala paz, mejor que una buena guerra”.
El detestable y corrupto ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, suscribiría tranquilamente aquel titular. Por si alguien sigue teniendo dudas sobre tan craso y grave error, puede leer el primer párrafo de este editorial, que reproduzco a continuación:
“Si la tregua se mantiene y se llega a un armisticio o, incluso, a un acuerdo de paz que reintegre a Irán al concierto internacional, será cuando más necesitará Occidente no perder de vista las actividades «reservadas» [su programa de armas nucleares] de una tiranía macerada en el rencor”.
Señores editorialistas de La Razón, ¿es que todavía no han aprendido que ninguna corriente política gobernante de Irán, medianamente poderosa, está dispuesta a que el régimen islamista iraní evolucione hacia “su integración en el concierto internacional”?
¿Cómo es que no han percibido que todas esas corrientes gobernantes -ultras, moderadas o lo que sean- comparten el mismo eje decisivo de la razón de existencia de la República Islámica de 1979? Eje existencial que se resume en el eslogan repetido mil veces, cada año; ¡Muerte a Israel! y ¡Muerte al Gran Satán! [esto es, EE.UU.]. ¿Dónde encaja aquí aquel adorable “reintegro en el concierto internacional”?
Si el régimen iraní llega algún día a estar a punto de sucumbir, “un cuarto de hora antes” alguna corriente manifestará su apego al “concierto internacional”, pero su verdadero y único propósito será salvar la dictadura teocrática, engañando a los gobernantes y a los medios occidentales.
Los verdaderos principales objetivos de un acuerdo de paz: desmantelar de modo verificado el programa nuclear iraní y preservar la libre navegación por el estrecho de Ormuz
No se trata de aquel evanescente “no perder de vista” el programa de armas nucleares iraní que propone el diario La Razón, sino fijar hitos bien definidos, con plazos precisos de aquel desmantelamiento y un poderoso régimen de inspecciones regulares de todas las instalaciones nucleares iranís, por parte del Organismo Internacional de la Energía Atómica (IAEA, siglas en ingles).
Conviene recordar que este organismo realiza semejantes inspecciones en las instalaciones de sus miembros, incluido EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia, etc. El régimen iraní siempre ha puesto todo tipo de obstáculos a los inspectores internacionales, llegando a menudo a prohibir esas inspecciones, simple y llanamente, durante largos periodos de tiempo.
Los 440 kg. de uranio enriquecido al 60% de los que Irán ya dispone deben ser transportados a EE.UU. o quizás a Kazajistán, donde la IAEA dispone de laboratorios y almacenes nucleares adecuados y fáciles de controlar. Pretender almacenarlo en China o Rusia resulta una broma de mal gusto: ¡quién puede fiarse de ellos, salvo el propio Irán!
Los editorialistas del Wall Street Journal (WSJ) añaden -acertadamente- lo siguiente: “El uranio enriquecido al 20% [en manos de Irán, que son unos 184 kg.] puede dar la impresión de ser bastante menos peligroso [que el enriquecido al 60%], pero [lo cierto es que] supone el 90 por ciento del trabajo para obtener uranio apto para armas nucleares. [Sólo queda un paso de transformación muy fácil y breve.] Por tanto, este uranio [al 20%] también debe extraerse de Irán”.
Además de extraer todo el uranio enriquecido, las 4 principales instalaciones nucleares deben ser desmanteladas
“El desmantelamiento [efectivo de las 4 principales instalaciones nucleares] es más importante que cualquier ¨moratoria¨ en el enriquecimiento [del uranio dentro de Irán]”, señala con atino el editorial del WSJ.
Algunos de los anteriores presidentes de EE.UU. -como el apaciguador Barack Obama– únicamente se propusieron conseguir una de aquellas ¨moratorias¨, esto es detener un cierto número de años el enriquecimiento del uranio. Irán casi siempre se saltó dichas prohibiciones y prosiguió enriqueciendo uranio, de modo oculto, en nuevos centros nucleares secretos.
Además, “EE.UU. e Israel ya han paralizado este enriquecimiento mediante la fuerza [militar]” en la guerra de los 12 días, de junio de 2025.
Tras dichos poderosos y eficaces bombardeos del verano de 2025 “Irán no puede enriquecer uranio todavía”. Su reanudación “tendría que ser prohibida permanentemente” en el futuro acuerdo de paz. Pero, teniendo en cuenta el total empecinamiento del régimen iraní con la obtención de armas nucleares, “resulta esencial proceder al desmantelamiento de sus infraestructuras y de los [principales] centros nucleares” de Irán, donde lleva a cabo el enriquecimiento del uranio por medio de decenas de miles de centrifugadoras y donde desarrolla y fabrica los otros componentes necesarios para disponer de armas nucleares, como los dispositivos de detonación de estas bombas y otros más.
Tres de los principales centros nucleares iranís quedaron muy dañados en junio de 2025
En la guerra de los 12 días, de junio de 2025, quedaron bastante destruidos los centros nucleares subterráneos de Fordo (o Fordow), Natanz e Isfahán. El régimen ha comenzado su desescombro y rehabilitación, lo que debería prohibirse ahora en el acuerdo de paz.
Pero, desde hace unos pocos años el régimen está excavando profundamente, bajo 100 metros de granito, y fortificando la entrada de lo que parece ser un cuarto centro nuclear, en la Montaña Pickaxe, muy cerca de Natanz. El régimen pretende que es un mero centro de fabricación civil, por lo que no quiere conceder permiso para que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (AIEA, del inglés) lo inspeccione.
Por lo ya dicho, la Montaña Pickaxe debe tratarse también en el futuro acuerdo de paz como un posible centro nuclear y, en consecuencia, que pueda ser inspeccionado por el organismo AIEA. Si es un mero centro civil de fabricación, ¿por qué se opone radicalmente el régimen a su inspección internacional?
Dicho sea de paso, EE.UU. podría también intentar forzar como parte del acuerdo de paz que en las inspecciones internacionales puedan participar también técnicos de EE.UU., no sólo los del organismo AEIA.
En lo relativo al trascendental asunto del estrecho de Ormuz, quien lo desee puede consultar mi artículo de hace unos días, pichando aquí.
La actual y crítica disyuntiva para EE.UU. y para Trump
Todo indica que los actuales gobernantes del régimen islámico iraní, sean de la corriente política que sean, están totalmente decididos a jugárselo todo a una sola carta: negarse a aceptar la derrota militar que ya han sufrido en las primeras semanas de la guerra -durante marzo y comienzos de abril-, no ceder en nada sustantivo en las negociaciones, prolongar el cierre de Ormuz y el correspondiente efecto negativo que está teniendo sobre la economía internacional.
Están planteando lo anterior con el propósito de hacer desesperar al Presidente Trump, quien ve cómo se acercan las elecciones parciales del mes de noviembre y las altas cotas de descontento entre su población, para que sea él quien recule y opte por aceptar un muy mal acuerdo de paz.
Hace un par de días los editorialistas del Wall Street Journal (WSJ), que es el principal diario conservador de EE.UU. y del mundo, realizaban el siguiente y perspicaz análisis:
“El presente régimen [iraní] considera que puede asumir el perjuicio económico derivado del bloqueo estadounidense de sus puertos durante más tiempo del que Trump se puede permitir los altos precios del petróleo y de los productos petroquímicos [como el queroseno para los aviones, la gasolina para los vehículos terrestres, etc.]”.
En las presentes circunstancias sólo cabe reanudar una intensa y definitiva ofensiva de EE.UU. e Israel contra el régimen de Irán
El WSJ proseguía en su análisis afirmando que “Donald Trump va a tener que persuadir a los gobernantes de Teherán que le están subestimando a él y, además, que también están subestimando el castigo [económico que espera a Irán en caso de continuar cerrado en banda]”.
En esta decisiva encrucijada en que se encuentra el conflicto de Irán, los editorialistas del WSJ se plantean la cuestión trascendental e ineludible: “En las actuales circunstancias, ¿puede un acuerdo [de paz] resolver los asuntos pendientes?”. Su respuesta es tan escueta como acertada: “De momento, no”. “La contraoferta del régimen [iraní] rechaza todo desmantelamiento de sus infraestructuras nucleares”.
Los editorialistas del WSJ se abstienen de exponer la única conclusión posible de su análisis: que, justo ahora, EE.UU. debe reiniciar con determinación su ofensiva militar contra el régimen islamista, como única forma de romperle el espinazo al régimen teocrático, forzándole a que tenga que admitir las exigencias mínimas de EE.UU.: el desmantelamiento de sus principales centros nucleares, la extracción a EE.UU. del uranio enriquecido existente y la renuncia total de Irán a su intento de control permanente del estrecho de Ormuz.
Si con esta nueva ofensiva cayera el régimen islámico, estupendo, pero si esto no sucediera, al menos que el régimen quede derrotado política y diplomáticamente -a la vista del mundo entero- en el único acuerdo de paz que es aceptable para Estados Unidos y para la paz y estabilidad duraderas de la región de Oriente Medio.
Es fácil comprender la prudencia del WSJ de no explicitar en su editorial que EE.UU. debe reemprender enseguida su ofensiva militar contra el régimen teocrático. Como todos hemos observado, al Presidente Trump no le gusta nada que se le indique abiertamente qué es lo que debe hacer en cada encrucijada.
Otros artículos de mi blog sobre estos asuntos:
Trump se ha dejado engañar por Irán en la negociación diplomática, aunque había ganado la batalla militar. Trump y EEUU lo van a pagar caro, si no rectifica a tiempo. 19 de junio de 2026.
La apertura del estrecho de Ormuz y el desbloqueo de los puertos iraníes, pasos clave de la negociación de paz. 12 de mayo de 2026.
Las negociaciones del alto el fuego en Irán. 11 de abril de 2026.
El programa nuclear de Irán persigue fabricar armas nucleares. 12 de marzo de 2026.
Irán está perdiendo la guerra, diga lo que diga la izquierda. ¿Caerá el régimen? 17 de marzo de 2026.
Europa debe ayudar a abrir Ormuz, a pesar del unilateralismo de Trump. 23 de marzo de 2026.
Trump abandona el Acuerdo nuclear con Irán, pero concede un margen a las empresas … y a la negociación. 9 de mayo de 2018.

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