
El corte de la autopista A35 cerca de Estrasburgo forma parte de la revuelta de los agricultores de Francia en contra de las medidas climáticas.
Dos redactores del principal diario conservador francés, Le Figaro, han titulado del siguiente modo una de sus crónicas sobre la actual rebelión de los agricultores:
“El grito de cólera del mundo agrícola que las élites [urbanas, proecologistas] se niegan a escuchar”
Luego, aludiendo a las opiniones de los dirigentes de las dos principales organizaciones de agricultores (el sindicato FNSEA y los Jóvenes Agricultores), se refieren los periodistas “al hartazgo [de los agricultores] frente a la escalada de normas administrativas que sufren a diario, a la obligación que se les impone de sacrificarlo todo a la sacrosanta ¨transición ecológica¨ asumida por la Unión Europea como su estandarte [global], así como también a los mandatos contradictorios del Estado francés que promete ¨a los ciudadanos la soberanía alimentaria, al mismo tiempo que impone al sector cada vez más restricciones¨”.
Desde mediados de enero de 2024 los agricultores franceses se han sumado a las grandes movilizaciones de sus colegas de Holanda (contra las restricciones a la ganadería bovina por las emisiones de metano y nitrógeno) -en la primavera de 2023- y actualmente en Alemania, organizando cortes de autopistas, prolongados (como al norte de Tolouse) e intermitentes, en diversas zonas del país, “caravanas de caracoles” -esto es, vehículos avanzando lentamente por autopistas- y otras varias formas de protesta.

Mapa de los bloqueos de carreteras el 23 de enero. Fuente: Le Monde.
El nuevo Primer Ministro intenta torearles … pero puede salir trasquilado
El lunes de esta semana, al poco de arrancar las protestas, el recién nombrado jovencísimo Primer Ministro (34 años), Gabriel Attal, de religión judía y perteneciente al cupo de la llamada “diversidad” -que tanto gusta al Presidente Macron-, ya que es homosexual, se reunió con los principales dirigentes sindicales agrarios. Según ha trascendido, la actitud del nuevo gobernante fue conciliadora para intentar evitar la paralización del tráfico en la capital de la nación. No obstante, parece que hoy viernes multitud de tractores están convergiendo, de hecho, hacia Paris. Sería su primera derrota.

Nuevo primer ministro, George Attal.
Los enfurecidos y experimentados dirigentes agrarios no van a dejarse engañar fácilmente por el jovenzuelo Gabriel Attal y exigen compromisos concretos y fechas claras para su puesta en práctica, en torno a sus exigencias para evitar un mayor hundimiento del sector debido a la destructiva “transición ecológica”.
En la mente de todos está la gran protesta de ciudadanos del medio rural que se produjo a lo largo y ancho del país a finales de 2018 y principios de 2019, conocida por el nombre de los “chalecos amarillos” (les gilets jaunes). Esta crisis complicó mucho el arranque de la presidencia de Macron (de mayo de 2017) y acabó con la supresión de varias de las medidas climáticas, como los nuevos aumentos previstos del impuesto ecológico al gasóleo de los vehículos particulares.
Medidas ya adoptadas que perjudican a los agricultores franceses
Casi todas ellas derivan del aciago Pacto Verde Europeo (European Green Deal) de la Unión Europea (UE), adoptado en 2020, que fue impulsado por la Comisión Europea y aprobado por el Parlamento Europeo y por el Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno de los países de la UE.
Como reconoce el principal diario de izquierda de Francia, Le Monde, “aquella iniciativa política … está diseñada para embarcar a los estados miembro de la UE en una transición ecológica, estableciendo objetivos de reducción del uso de pesticidas, implantando una agricultura ecológica y protegiendo la biodiversidad”.
Justamente por dichos motivos, según nos recuera Le Monde, “quienes son favorables a una agricultura ¨productivista¨ [esto es, que busca maximizar la producción] como la principal organización agraria francesa, la FNSEA, y su confederación europea, la COPA-COGECA, se oponen rotundamente al Pacto Verde Europeo (PVE)”.
— Aumento del impuesto ecológico sobre el gasóleo agrícola empleado en la maquinaria agraria, para reducir su consumo ya que es un combustible fósil.
— Normas para reducir o eliminar el uso de pesticidas y herbicidas. Por ejemplo, en 2023 se fijaron 75 moléculas de fitofármacos que deben desaparecer de la agricultura francés, sin ofrecer otros productos de sustitución.
— Limitaciones en la emisión de nitrógeno. “El ganado es un importante emisor de nitrógeno debido al estiércol y a los fertilizantes artificiales utilizados”. En el suelo dicho nitrógeno genera óxido nitroso, que es un gas con un muy fuerte efecto de calentamiento de la atmósfera.
— Limitaciones en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), metano, etc. generado principalmente por la ganadería, que vería entrar en pérdidas miles de sus explotaciones.
— Más terreno prohibido para la producción agraria, para “preservar la biodiversidad”. La Ley UE de Restauración de la Naturaleza, de finales de 2023 con la oposición del Partido Popular Europeo (PPE, que es el de mayor tamaño en Bruselas), obliga a que un 20% del terreno agrario presente sea “devuelto” a su estado de los años de 1950, siendo pagado esto por sus actuales propietarios.
— Proliferación normativa de Bruselas y Paris sobre “cómo producir” todo tipo de alimentos para preservar el medioambiente. En caso de incumplir alguna de dichos mandatos los agricultores perderían las subvenciones de la PAC (política Agraria Común) que vienen recibiendo de la UE.
El diario Le Figaro nos recuerda que “la normativa agraria [aplicable en Francia] ha pasado de ocupar 755 páginas en 1965 a 3.068 páginas en la actualidad”, en un artículo que titula del siguiente modo:
“La normativa de miles de páginas paraliza la [actividad] cotidiana de los agricultores”
— El acceso al agua que necesitan para sus explotaciones ha pasado a ser atacado por los ecologistas (de las ciudades), como veremos un poco más adelante.
Tras la fuga en marcha de empresas industriales por el encarecimiento energético con las renovables ahora las élites quieren que la producción agraria emigre también de Francia -y de Europa- a los países menos desarrollados y a China
Hasta hace unos pocos años los productos agrarios habían sido uno de los únicos tres sectores para los que los países de la UE habían disfrutado de autosuficiencia; los otros dos son los vehículos (que van a ser regalados a los fabricantes de automóviles eléctricos de China) y los equipos militares.
Los ecologistas son los primeros responsables de los problemas de los agricultores: se oponen -también- a las grandes cisternas de agua que necesitan aquellos
Indudablemente, son los poderes públicos de cada país europeo -así como la nefasta estructura que hoy en día supone la Comisión Europea– los que están adoptando las erróneas políticas climáticas en contra de los agricultores y ganaderos. Pero la inspiración y la definición de los objetivos proceden en gran medida de la nueva extrema izquierda que, desde la caída de la URSS en 1991, está representada -entre otros movimientos ¨progres¨- por los partidos políticos y organizaciones ecologistas (como Greenpeace, etc.).
Los hipócritas y fanáticos ecologistas actuales no tienen nada que ver con los científicos responsables y los serios divulgadores (como Miguel Delibes de Castro y Manuel Toharia) -a quienes se puede denominar naturalistas sensatos– que hace varias décadas buscaban soluciones viables y prácticas a los problemas medioambientales que, indudablemente, ocasiona el crecimiento económico global. Algunos de ellos, en 2001, reconocieron públicamente que “estuvimos tentados de tirar la toalla” por el desprecio y acoso que recibían de los nuevos ecologistas/activistas/anticientíficos.
Desde comienzos de este funesto siglo XXI los ecologistas franceses se han opuesto a la instalación de macro cisternas en las regiones más afectadas por la insuficiencia de lluvias durante el periodo estival. La organización ecologista El Alzamiento de las Tierra (Les Soulèvements de la Terre) muy a menudo ha hecho uso de la violencia, todos ellos jóvenes señoritos de las ciudades que se saltan todas las leyes de orden público. Una muestra más del carácter reaccionario de los ecologistas actuales, que quieren imponer el estancamiento económico en Occidente.

Macro cisterna de agua para uso agrario (méga-bassine).
Tras la ¨paja¨ de sus pretendidos argumentos técnicos se escondía -una vez más- el fondo de su planteamiento: frente a cualquier problema derivado del clima rechazan las soluciones parciales, pragmáticas, poco costosas, esto es, la adaptación a dichos cambios del clima –como se ha hecho toda la vida-, preconizando que únicamente la -pretendida, pero imposible- variación del clima mundial solucionaría los problemas locales y parciales, como una varita mágica universal.

Minicisterna colocada por agricultores frente a la vivienda de la diputada ecologista Lisa Belluco, el 23 de enero, en Poitiers. Esta diputada había desarrollado una campaña para impedir la instalación de una gran cisterna para los agricultores de la zona.
Otros artículos de mi blog relacionados con estos problemas:
Los agricultores derrotan las políticas climáticas en Alemania. 13 de enero de 2024.
El impuesto ecológico rechazado por los franceses. 26 de noviembre de 2018.
Seguro e inédito giro a la derecha en las elecciones UE de junio. 23 de febrero de 2024.
Primer enfrentamiento chalecos amarillos – Macron: 2 a 0. 7 de diciembre de 2018.
¿Pretender alterar el clima mundial o adaptarse al cambio climático? 11 de diciembre de 2021.
Destruir el capitalismo occidental, no reformarlo, es el propósito del ecologismo radical. 6 de mayo de 2020.

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