
Michel Barnier nombrado primer ministro de Francia. Fue varias veces miembro de la Comisión Europea y ministro de la República francesa, incluida la cartera de Exteriores.
Tras casi dos meses desde las elecciones legislativas del pasado 7 de julio, con unas Olimpiadas en Paris de por medio, el político de centro derecha Michel Barnier, de 73 años de edad, acaba de ser nombrado primer ministro por el Presidente Macron, tomando posesión con rapidez y comenzando los contactos para la formación de su gabinete.
La crisis política se agudizó tras la segunda vuelta de dichos comicios por haber resultado la Asamblea Nacional más fragmentada de todo el periodo de la V República en Francia (que se constituyó en 1958) y por el fuerte retroceso de la alianza electoral del presidente que únicamente obtuvo 166 escaños, siendo la mayoría de la cámara baja de 289.
La extrema izquierda y el centro izquierda, aliados en la extremista coalición electoral Nuevo Frente Popular (NFP), ya habían adelantado su voluntad de presentar una moción de censura contra el nuevo gobierno en la primera reunión de la nueva Asamblea Nacional si Macron no nombraba a un primer ministro de su alianza … y ahora han ratificado dicha amenaza.
Michel Barnier ha sido siempre uno de los dirigentes del partido de centro derecha, gaullista, que ahora se denomina Los Republicanos (LR), partido que sufrió una escisión poco antes de la primera vuelta de las elecciones legislativas, en junio.
Habiendo sido nombrado Michel Barnier por el Presidente Macron los diputados de la coalición de éste, Juntos (Ensemble), que son -sólo- 166 (frente a los 245 que obtuvieron hace dos años), deberán votarle aunque no pocos de ellos lo harán muy a disgusto, particularmente los del ala izquierda del macronismo.
Ahora bien, ambos grupos parlamentarios únicamente suman 231 escaños, muy lejos de los 289 que conceden una mayoría.
El nuevo gobierno dependerá decisivamente de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen
Por tanto, autoexcluidos todos los diputados de la izquierda, la esperanza de que Michel Barnier pueda gobernar, rechazando la anunciada moción de censura de toda la izquierda, sacando adelante los proyectos de ley que vaya presentando a la Asamblea Nacional solo puede depender del apoyo de los 143 diputados del partido de la derecha nacional de Marine Le Pen, denominado Agrupación Nacional, AN (en francés, Rassemblement national – RN).
Ya se ha anunciado que este último partido no contará con ministros en el nuevo gobierno, ni ellos lo piden, pero como declaró hace muy pocos días uno de sus dirigentes “nuestro precio [por ir apoyando al ejecutivo de Barnier] va a ser muy alto”.
Por su parte, la dirigente de facto del partido AN, Marine Le Pen, ha hecho saber que no se unirá a la muy próxima moción de censura de la izquierda, pero que en modo alguno concederá un cheque en blanco al nuevo gobierno, sino que en cada periodo de tiempo irá exigiendo la adopción de diversas leyes y medidas de su interés, que no ha precisado todavía en público, pero que ya debe estar negociando con el nuevo primer ministro. No está excluido que, en cualquier momento Marine Le Pen decida retirar su apoyo a Michel Barnier y provocar la caida de su gobierno.
En definitiva, el nuevo gobierno va a estar compuesto por políticos del centro derecha y, muy seguramente, por políticos del centro de Macron, incluidos personajes independientes de ambas corrientes, pero en ningún caso por miembros de la Agrupación Nacional (AN). Tampoco puede excluirse que Barnier nombre algún ministro del centro izquierda, quizás no muy destacado, como guiño a esas fuerzas.
Orientación del nuevo gobierno
Resulta evidente que el nuevo ejecutivo de Michel Barnier va a representar un claro giro hacia la derecha, con respecto a los cuatro anteriores primeros ministros nombrados por Macron desde 2017 y de los gobiernos del presidente socialista François Hollande que le precedieron, entre 2012 y 2017.
Dicho sea de paso, durante estos anteriores doce años (de poder de la izquierda y del centro izquierda de Macron) es cuando se fueron fraguando los problemas y las crisis que sufre Francia en la actualidad. De hecho, en el conjunto del país domina el sentimiento de que “no se puede seguir como hasta ahora”.
Michel Barnier es un político experimentado, tranquilo y deseoso de buscar entendimientos más allá de su propio partido que -como dije- hoy en día es muy minoritario en la Cámara Baja. Pero, como puntualizan quienes le conocen de cerca, es muy capaz de perseverar en sus prioridades y no ceder fácilmente.
En su breve discurso de toma de posesión, anteayer, tras constatar que “Nos encontramos en un momento grave” y que va a actuar con “mucha humildad”, dejó caer -como aviso a los navegantes– que “habrá también cambios y rupturas” con respecto a los anteriores ejecutivos.
La crónica del británico The Telegraph apreciaba que Michel Barnier “ha expresado un giro hacia la derecha en su primera entrevista [con los medios] como primer ministro”.
Previsible relación entre el Elíseo (sede de la presidencia) y Matignon (sede del primer ministro)
La relación de Michel Barnier con el Presidente Macron seguro que será siempre correcta en las formas, pero repleta de roces y tiranteces. Pero, para ir delimitando los campos de cada uno Michel Barnier ha declarado sin ambages en una entrevista en TV que “El presidente va a presidir y el [nuevo] gobierno va a gobernar”.
En realidad, el nuevo reparto del poder va a suponer la cuarta vez en que se produce en Francia -bajo la V República- una cohabitación entre un presidente y un primer ministro de diferente signo político, que resultaron un tanto tumultuosos. Pero Barnier quiere quitarle hierro a esta relación evitando aquel término (cohabitación) y empleando el menos conflictivo de “coexistencia exigente”.
Ahora, ha salido a la luz la opinión que el nuevo primer ministro tenía en 2022 del Presidente Macron: “Solitario y arrogante”. Una piedrecita más en el camino.
La derecha nacional (AN) y otros recelan del sistema electoral
Para comprender la posición actual del partido de Marine Le Pen es imprescindible recordar que el extraño sistema electoral existente en aquel país -nada proporcional-, unido al “cordón sanitario” (también llamado “frente republicano”) que practicaron contra ellos en la segunda vuelta -una vez más- el partido de Macron y las izquierdas, desvirtuaron el hecho de que la Agrupación Nacional fue el más votado en ambas vueltas (33,5% y 36,2%), obteniendo sólo el tercer puesto en cuanto al número de escaños en la Asamblea Nacional.
Por el contrario, la alianza radical de la izquierda -el Nuevo Frente Popular (NFP)-, con sólo el 25,6% y el 28,5% en sendas vueltas, ha obtenido -con diferencia- el grupo parlamentario más numeroso: 184, frente a 143 la AN.
Sin el “cordón sanitario” (que se retiren candidatos de algunos de los partidos anti AN, para concentrar el voto), incluso con el sistema electoral vigente la Agrupación Nacional hubiera dominado la Asamblea Nacional con unos 255 escaños, en vez de los 143 que tiene ahora. Por esto le hubiera correspondido la presidencia del Consejo de Ministros, lo que habría supuesto una revolución política … perfectamente legal.
Por este motivo es lógico que el partido de la derecha nacional vaya a colocar la introducción de proporcionalidad en los comicios legislativos entre sus peticiones prioritarias al nuevo primer ministro.
Naturalmente, no son sólo ellos quienes vienen demandando esta reforma desde hace tiempo, pero serían los más beneficiados a corto plazo. Un sistema electoral más proporcional que el actual lo haría más representativo, reduciéndose así la desconfianza de muchos ciudadanos hacia el sistema político y los altos niveles de abstención electoral.
Michel Barnier dignifica al partido de Le Pen y se acerca algo a sus posiciones
Ya desde ayer, en su primera entrevista tras tomar posesión como nuevo primer ministro, Michel Barnier ha dado pasos para ganarse la confianza del partido que necesita para conseguir la estabilidad en la Asamblea Nacional: el partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional. Según recoge The Telegraph, Barnier declaró -algo inédito hasta aquel momento-que “respeta [a la Agrupación Nacional]”, si bien, puntualizó, él “no tiene mucho en común con las ideologías [de dicho partido]”.
En otro momento, también ha afirmado estos días que “hay 11 millones de franceses que han votado a la Agrupación Nacional (AN) y que sus votos también cuentan” … lo que supone prácticamente la negación de la táctica del “cordón sanitario” contra la derecha nacional, que se ha venido practicando desde hace décadas y hasta la 2ª vuelta de las legislativas este pasado 7 de julio.
Además, Barnier se hizo eco de varias de las principales demandas que el partido de la derecha nacional debe estarle haciendo baja cuerda, en particular sobre el control de las fronteras de las que dijo que actualmente son “coladeros” de inmigrantes ilegales, lo que escandaliza no solo a los extremistas de La Francia Insumisa (LFI) del extrotskista Mélenchon sino también a los izquierdosos Verdes y al menguado Partido Socialista.
La fragilidad del nuevo gobierno a pesar de su representatividad
Lograr el equilibrio en cada gran asunto de gobierno entre las aspiraciones de cada una de las tres fuerzas políticas que van a sostener al nuevo gobierno (el partido de Macron, el centro derecha -LR- y el partido de Marine Le Pen -AN-), es el dificilísimo reto al que se enfrenta Michel Barnier para ir aprobando un programa de gobierno y mantenerse en el cargo.
Sólo cuando logre el acuerdo de los 3 grupos parlamentarios (con su abrumadora mayoría de 374 diputados, frente a una mayoría que es de 289) podrá Barnier estar seguro del resultado de la tramitación parlamentaria.
A nadie se le escapa que las coyunturas críticas que serán inevitables en los próximos meses y años podrían hacer descarrilar al nuevo ejecutivo.
Buen sabedor de esta ineludible fragilidad, Michel Barnier está obligado a centrarse en los asuntos que considere más decisivos, dejando otros varios para más adelante o para el siguiente gobierno.
Una de las consabidas críticas falsas de la extrema izquierda (el NFP) contra Michel Barnier es que “el pueblo [esto es, sus votos en las legislativas de julio] no ha sido escuchado” a la hora de nombrar al nuevo primer ministro. Lo único en que pueden tener un atisbo de razón, por lo inusual, es que el primer ministro proceda de una formación política minoritaria: Los Republicanos obtuvieron únicamente el 8,1% de los votos emitidos. Pero ninguna norma legal prohíbe que se incurra en esta anomalía.
Ahora bien, los resultados electorales son claros: los dos partidos que formarán gobierno obtuvieron, respectivamente, el 21,2% (el de Macron) y el 8,1% el centro derecha de Los Republicanos (LR). Sumando a estos los votos recibidos por la Agrupación Nacional de Le Pen (36,2%), totalizan un muy considerable 65,5% de quienes votaron en julio pasado.
Las prioridades de Michel Barnier
Observando sus declaraciones de estos días, así como los asuntos imposibles de obviar (como el presupuesto del Estado para el próximo año), resultan las siguientes prioridades:
— el Presupuesto para 2025;
— la reforma parcial de la prolongación de las pensiones que Macron sacó adelante -con gran esfuerzo- en 2023 para elevar la edad general de jubilación de los actuales 62 años a los 64 años lo que, además de lógica y necesaria es central para la política de expansión empresarial que -correctamente- propugna el presidente;
— el control efectivo de la inmigración y una auténtica integración de los extranjeros que habiten ya en suelo francés;
— la mejora de los servicios públicos en general y especialmente de la escuela pública, que vive una profunda crisis y desprestigio;
— el refuerzo de la seguridad pública en las ciudades en general y especialmente en relación con los inmigrantes ilegales, sobre lo que Barnier no se ha extendido estos días pero que es una cuestión que le reclamará con vigor Agrupación Nacional y otros partidos; y
— la reforma de la legislación electoral para la Asamblea Nacional para dotarla de proporcionalidad, si le es posible llevarlo a cabo.
El Presupuesto para 2025 y el déficit público
Como en casi todos los demás países europeos, durante la pandemia que comenzó en 2021 el Estado francés incurrió en todo tipo de gastos excesivos, que han multiplicado el nivel del déficit público a niveles insostenibles, contribuyendo -además- a la elevada inflación de precios durante los pasados años.
Estando ya en septiembre, al nuevo gobierno le queda un tiempo muy ajustado para elaborar unos presupuestos públicos para 2025 que incluyan serios recortes del gasto público.
Hace unos días, Barnier se ha referido al “déficit público ¨abisal¨ en el que ha incurrido Francia, que en 2024 se situará en el 5,6% del PIB. ¨No puedo aumentar más la deuda [del Estado], prolongando la política de cheques en blanco endosados a la próxima generación¨, ha destacado Barnier”. Casi todos los políticos saben que podría tener lugar una seria crisis financiera en Francia si el nuevo gobierno fracasara en este campo.
En este área, probablemente el principal obstáculo para acordar suficientes recortes del gasto será la derecha nacional de Marine Le Pen que viene manteniendo una postura muy populista de reclamar nuevos aumentos del gasto en vez de lo contrario, que es lo que la economía y el país necesitan.
Reforma parcial de las pensiones
Como adelanté, Barnier se propone mantener el núcleo de la reforma que introdujo Macron en 2023, conservando -por ejemplo- la jubilación a los 64 años (frente a los actuales 62 años), pero dulcificando el trato a las personas más vulnerables.
El acuerdo entre el primer ministro con el partido de Macron y con sus colegas del centro derecha (LR) previsiblemente será fácil. Pero, una vez más, las tensiones surgirán con el populismo de la Agrupación Nacional (AN) que en 2023 se opuso -irresponsablemente- a esta reforma.
La inmigración ilegal y la primacía de las leyes de Francia respecto a los acuerdos internacionales
Como señala el principal diario conservador británico, The Telegraph, ahora, tras las elecciones legislativas, “no es la primera vez que el Sr. Barnier ha demandado una línea dura frente a la inmigración. En 2021, ya reclamó una moratoria de entre 3 y 5 años de duración para todo tipo de inmigración, salvo para los estudiantes y para los refugiados [que realmente correspondan a esta figura jurídica] …”. Periodo de tiempo durante el que el Estado francés, en conjunción con la UE, introducirían nuevas medidas de control y efectuarían los cambios legislativos e incluso constitucionales necesarios para tener éxito.
Barnier destacaba que en poco tiempo podría detenerse la regularización incondicional de los inmigrantes irregulares, a lo largo de aquella moratoria.
Ya entonces Barnier llamaba la atención sobre la gravedad de que cientos de miles de inmigrantes que viven en el país desconocían la lengua francesa.
En 2021 ya defendía que una reforma constitucional asegurara la permanencia de las reformas legislativas que se adoptasen durante la moratoria, concretamente estipulando la preeminencia de la ley francesa sobre los posibles compromisos asumidos en acuerdos internacionales o europeos. Esta reforma actuaría a modo de un “escudo constitucional”.
Como expliqué en mi artículo del pasado mes de julio, “Concretamente, [Barnier] ha criticado el excesivo protagonismo en esta materia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, que se creó mediante el Convenio Europeo del mismo nombre (CEDH)”. Protagonismo que ata las manos a los estados nacionales para actuar de manera soberana”.
No cabe duda de que este asunto de la inmigración ilegal va a ser uno de los principales en torno al cual va a estrecharse la colaboración entre el primer ministro y el partido de Le Pen.
Otras posturas políticas que ha mantenido Michel Barnier desde hace años
“Debemos combatir la ideología woke que persigue la destrucción de una Francia unida”. El diario The Telegraph llevaba este titular sobre unas declaraciones de Michel Barnier en 2021. Más adelante hacía equivaler el wokismo y la llamada ¨cultura de la cancelación¨, calificándolas de peligrosa amenaza de extrema izquierda.
El actual primer ministro llegó a proponer entonces que se prohibiera el uso en los documentos oficiales del llamado lenguaje inclusivo en cuanto al género.
Cambiando de tema, Barnier declaró también que quería que se llevase a cabo un “electroshock de seguridad” para restablecer el orden en Francia, proponiendo también la expulsión de los delincuentes extranjeros y unas sentencias más duras para ellos.
Otros artículos de mi blog sobre estos temas:
François Bayrou nuevo primer ministro de Francia …tiene los meses contados. 15 de diciembre de 2024.
Cae el gobierno de Francia por la alianza contra natura de la derecha dura de Le Pen con la extrema izquierda. La irresponsabilidad y el populismo no es la solución. 6 de diciembre de 2024.
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El cordón sanitario de Macron contra la derecha nacional refuerza a la extrema-izquierda. 9 de julio de 2024.
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Elecciones en Francia: paso clave en el necesario giro conservador de Europa. 2 de julio de 2024.
Aprobada la reforma de las pensiones en Francia … que corrige el estropicio de los socialistas. 21 de abril de 2023.

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